Qué está pasando en relación al deseo sexual y las relaciones de pareja durante este largo confinamiento al que nos obliga la pandemia de Covid-19.

Aunque algunas personas refieren tener menor deseo sexual que antes, desconocemos si es consecuencia del confinamiento porque no disponemos de datos.

Para aportar luz en este tema, la Academia Internacional de Sexología Médica (AISM), prestigiosa institución en la que comparto sillón con varios de los mayores expertos en salud sexual a nivel internacional, ha puesto en marcha una encuesta en la que me he implicado (ver aquí sus pormenores).

A la espera de los resultados de este estudio, vamos a abordar el espinoso asunto del deseo sexual.

Dando por bueno lo que los pacientes nos dicen en relación a la merma de la libido, indicaré algunas pautas que pueden ayudar a recuperarla, y a mejorar la relación de pareja.

QUÉ SE ENTIENDE POR DESEO SEXUAL 

No se puede hablar de él como entidad única. Siguiendo al Dr. Manuel Lucas Matheu, también miembro de la AISM, diferenciar tres aspectos esenciales para entenderlo.

1-Deseo de descarga de la tensión sexual.

Sería una especie de ¡sexo ya! Un impulso mediado por hormonas como la testosterona y neurotransmisores como la dopamina.

Este aspecto del deseo correspondería a la parte más animal, en relación al sexo, que la mayoría de las personas llevamos dentro.

Decrece con el hastío y se puede modificar si se producen alteraciones neuroquímicas de las referidas sustancias y algunas otras.

2-Deseo de ser deseados

Tiene un origen psicológico y parte de la necesidad humana de autoafirmarnos, de sentirnos queridos y/o admirados.

Decrece, incluso desaparece, si la persona de quien requerimos admiración deja de importarnos, por las razones que fueren.

Este aspecto del deseo varía en función del estado de nuestra autoestima. Si está alta, nos mostramos mucho más seductores y más seguros que cuando está baja.

3-Deseo de encuentro mutuo o “sed de piel”.

Término este acuñado por el Dr. Lucas con una base psicológica, pero también hormonal.

Parte de la necesidad de la mayoría de comunicarse, de interaccionar y de vivir experiencias íntimas con otras personas.

Está mediado por la oxitocina y merma, hasta casi desaparecer, si se producen desavenencias, desencuentros o hay problemas de comunicación con el compañero/a.

A mi modo de ver hay un cuarto aspecto que añadir a esta interesante propuesta del Dr. Lucas, que referí en 2016 en una entrevista que me hicieron en la revista Quo.

4-El deseo de conocer

En referencia al interés por saber cómo es el sexo y la sexualidad del otro/a.

Este aspecto del deseo hoy es más habitual que antes, al propiciar las redes sociales nuevas relaciones y formas de comunicación sexual. Y ahí entra en juego el sexo virtual, el voyerismo, el intercambio de parejas, etc.

 ¿CÓMO REACCIONAMOS ANTE UNA SITUACIÓN SEXUAL?

El deseo sexual es el factor desencadenante y mantenedor de la respuesta sexual.

En cada individuo, la respuesta sexual, al igual que la sexualidad, tiene un carácter muy personal y específico (ver figura adjunta)

Como refiere a menudo el profesor Félix López Sánchez, que ha sido catedrático de Psicología de la Sexualidad en la Universidad de Salamanca, “la sexualidad es el reino de la libertad”.

Y qué tiene que ver esto con tener más o menos deseo sexual durante el confinamiento.

Probablemente mucho.

Algunas personas en esta situación temen contagiarse. El miedo les atenaza tanto que evitan cualquier aproximación de la/el compañero sexual, al que exigen distancia.

El duelo por la enfermedad o la muerte de personas cercanas como consecuencia de COVID-19 ahuyenta el deseo sexual también en otras, lo que sucede a menudo en el transcurso de esta grave pandemia.

En ambos casos se rechaza cualquier intento de aproximación sexual y en ocasiones algunas personas desarrollan un tipo de aversión al sexo, rayano a la fobia.

Respecto al miedo, la mayoría de las veces no hay razón para tanto, en ausencia de síntomas de posible COVID-19 y habiéndose respetado el confinamiento durante al menos dos semanas.

Dejando aparte a ese numeroso grupo de personas, las causas del descenso de la libido en una relación de pareja son variopintas y a veces complejas.

No abordaremos las enfermedades o tratamientos médicos que con frecuencia lo provocan, y vamos a centrarnos en cuestiones meramente relacionales.

MOTIVOS QUE EXPLICARÍAN LA MERMA DEL DESEO SEXUAL EN UNA RELACIÓN DE PAREJA.

Algunos de los principales serían:  

1-Monotonía y rutina en las prácticas sexuales habituales.

2-Ausencia de juegos eróticos previos y búsqueda directa de la penetración

3-Suposiciones falsas acerca de lo que la otra persona pueda creer o hacer.

Las dos primeras no necesitan más explicación, pero sí la tercera, tal vez la más habitual.

Es frecuente que uno de los dos miembros de la pareja, o los dos, interpreten erróneamente lo que pueda pensar el otro y actúan acorde a este pensamiento distorsionado, alejado por completo de la realidad.

Estas suposiciones equivocadas son conocidos en psicología como “distorsiones cognitivas” y tienen una enorme relación tanto en la sexualidad de la pareja como en toda su comunicación en general.

Como ejemplos en relación al sexo, expongo algunos:

 “Tengo ganas, pero no me atrevo a decirle/la nada, no piense que soy un calentorro/a”

“A él no le importa el amor, sólo va a correrse”

“No me encuentra atractiva, pero como no tiene otra más cerca…”

“Con la cantidad de hombres seductores que hay, me ha ido a tocar el más soso”

Y estos pensamientos intrusivos aparecen fácilmente en una situación como la del confinamiento, en reclusión permanente con la misma persona.

QUÉ PODEMOS HACER PARA MEJORAR EL DESEO SEXUAL Y LA RELACIÓN DE PAREJA DURANTE EL CONFINAMIENTO.

Una vez asegurado que nuestras prácticas sexuales son seguras, hemos de estar decididos a cambiar.

En relación a los primeros puntos, monotonía y rutina en las prácticas sexuales y ausencia de juegos eróticos previos, es recomendable (diría que casi obligatorio), tocarse sin otra finalidad y, por supuesto, “sin intentar excitar al otro o a la otra”.

Los masajes, las caricias por turnos o compartidas son necesarios para aliviar nuestra “sed de piel”.

Puede que por el camino el deseo de “sexo ya” aparezca en ambos (imprescindible) y acabemos manteniendo una satisfactoria relación sexual, pero el principal objetivo es tocarnos, acariciarnos y disfrutar. Es lo que en sexología se conoce como “actitud no finalista”.

En cuanto a las suposiciones, no hay que dar por supuesto nada sobre lo que pueda pensar o hacer la otra persona. Es imprescindible antes de hacerlo dialogar, comunicar los deseos, las dudas o los miedos y compartirlos.

Cuando uno de los dos miembros de la pareja, o ambos, es incapaz de tocar o de dejarse tocar por el compañero, o si cualquier diálogo acaba en discusión, es muy posible que la relación entre ellos esté muy perturbada, a punto de tocar fondo.

En ese caso, hay que acudir cuanto antes, casi con urgencia, a un sexólogo de confianza si se quiere salvar el vínculo.