Las falsas noticias sobre las vacunas están provocando gran alarma social y generando una incertidumbre injustificada en cuanto a si vacunarse o no frente al Covid 19.

Cualquier información errónea solo se puede corregir con otra que sea veraz y científica.

Antes que nada, conozcamos a nuestro enemigo

Conozcamos , al SARS-CoV2, el virus causante del cuadro de Covid-19.

Recordemos que los virus no son seres vivos, sino estructuras simples de proteínas con material genético en su interior para reproducirse, que es lo que pretenden al infectarnos.

En el caso del SARS-CoV2, el material genético está constituido por Acido Ribonucléico o ARN y el virus entra en nuestro organismo por el camino más fácil, a través de los aparatos respiratorio y digestivo, acoplándose a la membrana externa de las células.

El virus se acopla a ellas mediante la proteína S de su espícula o corona externa y, una vez dentro de la célula, el SARS-CoV2 libera su ARN viral, el material genético que contiene, y le ordena sintetizar-fabricar copias exactas de él mismo, las proteínas que constituyen su estructura, pero en una gran cantidad.

De ese modo la esclaviza, forzándola a trabajar exclusivamente en su provecho, agotándola hasta morir, aunque también esas células infectadas pueden ser destruidas por nuestro sistema inmunitario para evitar que la infección avance.

¿Cómo actúan las vacunas, incluyendo las del Covid-19?

Después de ser administradas, inducen a nuestro organismo a que genere defensas contra ella, tal y como este suele responder ante cualquier agresión externa (bacterias, virus, parásitos, incluso un cuerpo extraño), al intuir que puede suponer un peligro para su salud o su integridad.

¿Cómo se generan defensas contra las vacunas?

En primer lugar, han de ser introducidas en nuestro organismo y esta inclusión se puede hacer de dos maneras principalmente:

  1. Mediante preparaciones de los agentes agresores externos (virus o bacterias) contra los que queramos defendernos, muertos o atenuados para disminuir su agresividad y evitar que nos afecten de manera grave.
  2. Mediante procedimientos que darán instrucciones a nuestras células para que fabriquen ciertas estructuras proteicas del agente agresor, esenciales para llevar a cabo su agresión.

En segundo lugar, este material introducido es reconocido como ajeno a nuestro cuerpo (antígenos en términos médicos), por las células presentadoras de antígenos profesionales (CPA) de nuestro sistema inmunitario (nuestro ejército defensor), constituido por las células dendríticas, principalmente, pero también los macrófagos y los linfocitos B, estos en menor cuantía.

Y, en tercer lugar, estas células presentadoras de antígenos  van a mostrar la vacuna introducida, a los linfocitos T, encargados de la respuesta celular, que memorizarán y destruirán todo lo que tenga que ver con esos virus muertos o atenuados o con esas estructuras proteicas fabricadas mediante las vacunas, que pueden ser bien células propias infectadas por el virus, o bien el mismo virus.

También la van a presentar a los linfocitos B, encargados de la respuesta humoral, que sintetizarán-fabricarán proteínas contra dichos antígenos, que son los anticuerpos. Los que se sintetizan más temprano son los IgM, menos eficaces en el bloqueo del agente agresor que los IgG, generados después.

La síntesis de proteínas

Tanto nuestros enemigos los virus, como nuestro ejército, el sistema inmunitario, lo que pretenden es contar con las mejores armas para ganar esa batalla mortal, y esas armas son las proteínas que ellos y nosotros queremos fabricar.

Conocer cómo lo hacen nos permitirá entender el mecanismo de acción de las vacunas existentes contra el coronavirus.

Las proteínas se sintetizan en los ribosomas de las células, que están situados en su citoplasma, sin embargo, la información para fabricarlas, la clave secreta para hacerlo, la tiene  la larguísima molécula de ADN, ácido desoxirribonucleico, nuestro código genético, constituido por una doble cadena de nucleótidos, que está situado en el núcleo de las células, de donde no puede salir al no ser capaz de atravesar los poros de su membrana nuclear.

Aunque no pueda salir, el ADN es capaz de hacer una copia de sí mismo, mucho más reducida, de una cadena, que cuenta solo con los nucleótidos que le interesen para fabricar una proteína concreta.

Se trata del ARN mensajero, muy parecido al ARN del virus, que sí puede atravesar los poros de la membrana nuclear y migrar al citoplasma para alcanzar los ribosomas y decodificar la información que lleva, de parte del general, para que sean ellos, los ribosomas, quienes fabriquen las proteínas.

Pero el ARN mensajero jamás vuelve a regresar al núcleo de las células, no se incorpora de ninguna manera a esa clave secreta para fabricar proteínas, la molécula de ADN, que contiene nuestro código genético. Además, se destruye en el citoplasma poco después de haber trasmitido las órdenes al ribosoma para que trabaje, tampoco puede agotarlo, a diferencia del ARN de los virus.

Por cierto, fue el profesor  Severo Ochoa quien descubrió como se sintetizaba el ARNm, lo que le llevó a ganar el Premio Nobel de Medicina en 1959.

Diferentes vacunas frente al SARS-CoV2

  • Las que introducen virus muertos o atenuados, el método hasta ahora más habitual, pero complejo porque primero hay cultivar el virus en medios especiales, aniquilarlo o atenuar su virulencia, y después incorporarlo al medicamento.
  • Las que dan instrucciones a nuestras células para que fabriquen ciertas estructuras proteicas del SARS-CoV2:
    • Las vacunas de ARN, que introducen es una secuencia del ARN del virus, extraída por los investigadores con las instrucciones para que nuestro organismo fabrique proteínas del virus que le son esenciales para llevar a cabo su agresión, en concreto, la proteína S de su espícula. Tras lo cual, nuestra respuesta inmunitaria es igual que ante cualquier vacuna: respuesta celular, mediada por los linfocitos T, y humoral por los linfocitos B que sintetizan anticuerpos específicos para bloquear al coronavirus, aunque todavía se desconoce cuánto tiempo durará la inmunidad adquirida.
    • Respecto a las vacunas con vectores virales: se producen a partir de un virus no dañino para la salud, a fin de que nuestro organismo no lo destruya nada más detectarlo tras su inclusión. Es el caso del adenovirus en la vacuna de Oxford-AstraZeneca. En el interior de estos virus no dañinos, inocuos, se insertan algunos genes de Sars-CoV-2, ARN, en definitiva, otra vez el generalito, que producen proteínas del virus y respuesta inmunitaria segura.

Todavía hay un tercer tipo de vacunas, las basadas en proteínas, que utilizan fragmentos inocuos de proteínas o estructuras proteínicas, prefabricadas, que imitan las del coronavirus, con el fin de generar una respuesta inmunitaria después de su inclusión, pero el desarrollo de estas vacunas va más retrasado.

En esta figura se pueden ver las diferencias existentes entre las vacunas más conocidas

Todas las vacunas actuales contra el SARS-CoV2 son fiables, superando los análisis realizados por los comités de expertos en vacunas de la Agencia Europea del Medicamento (EMA), la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitario (AEMPS) o la Administración de Alimentos y Medicamentos de los EEUU, entre otros.

Si tengo que manifestar cuales son mis favoritas, me decantaría por las de ARN. ¿Por qué?